miércoles, 18 de julio de 2018

Cómo se originó la leyenda del Yeti, la misteriosa criatura del Nepal que nadie ha encontrado en siglos



Mucho antes del siglo XIX, existían escrituras pre-budistas donde varios pueblos del Himalaya hablaban de una criatura simiesca de pelo largo y blanco cuyo rugido era indescriptible. Con el tiempo, estas historias sobre esa figura legendaria han terminado en un mismo nombre: Yeti.

No confundir con otras “variaciones” como el “abominable hombre de las nieves” (o Snowman), cuyo significado surgió hace relativamente poco tiempo a raíz de una mala traducción. Ocurrió en la década de 1920, momento en el que el colaborador de un periódico indio (redactado en inglés) entrevistó a un grupo de exploradores que regresaban del Everest.

Los exploradores hablaron de unas huellas enormes en la montaña que sus guías atribuyeron a una criatura, “Metoh-Kangmi”. Como resultado, el periodista pensó que “Abominable Snowman” sonaba muy bien en su artículo. Así que, aunque son nombres diferentes, se trata de la misma leyenda.

No así con Bigfoot, en este caso una bestia totalmente diferente, principalmente por su ubicación. Mientras que el Yeti pertenece a Asia, se cree que Bigfoot es originario (su leyenda) de América del Norte, específicamente del noroeste del Pacífico.

El principio del Yeti

Ilustración del Yeti de Philippe Temería. Wikimedia Commons

Según algunos escritos de los primeros exploradores del Nepal, en la década de 1830 existían relatos de excursionistas que aseguraban haber visto junto a sus guías a una criatura bípeda, alta y cubierta con largos cabellos. En aquel entonces se concluyó que era un orangután.

Varias décadas después, a punto de comenzar el siglo XX, el explorador británico Laurence Waddell reportó por primera vez lo que parecían ser las huellas de una extraña criatura. Waddell informó sobre ello a partir de la descripción de su guía:
Parecen de una gran criatura simiesca que dejó huellas, aunque yo me incliné por unas hechas por un oso. Lo cierto es que ninguno de los muchos tibetanos que he interrogado sobre este tema podría darme un caso auténtico. En las conversaciones y entrevistas siempre se resolvía con algo que alguien escuchó hablar a otro.

El paso de los años no hizo más que aumentar el interés del hombre por la enigmática figura del Yeti. Daba igual que no existieran pruebas de ningún tipo más allá del boca a boca, el imaginario creado en torno a la bestia era más poderoso que la razón, y así comenzaron a darse una serie de expediciones con un mismo fin.

En busca del Yeti

Supuestas huellas de Yeto tomadas por Frank S. Smythe y publicadas en Popular Science en 1952. Wikimedia Commons

Año 1925, el fotógrafo de la Royal Geographical Society, N. A. Tombazi, escribe sobre una criatura que dice haber visto a unos 4.600 metros de altitud, muy cerca del glaciar Zemu. Posteriormente, escribió que observó a la criatura a unos 200 o 300 metros durante aproximadamente un minuto. Según escribió:
Indiscutiblemente, la figura, en líneas generales, era exactamente como un ser humano, caminando erguido y deteniéndose ocasionalmente para tirar algunos arbustos. Se veía oscuro en la nieve, y por lo que podía ver, no llevaba ropa. Más tarde, mientras descendíamos, divisamos unas huellas de la criatura de forma similar a las de un hombre. Las huellas eran indudablemente las de un bípedo.

El interés occidental por el Yeti alcanzó su punto máximo en la década de 1950. Al intentar escalar el Monte Everest en 1951, el montañista Eric Shipton tomó fotografías de unas huellas enormes en la nieve, a unos 6.000 metros sobre el nivel del mar.

La mítica fotografía de Eric Shipton. Wikimedia Commons

Las fotos fueron sometidas a un intenso escrutinio y debate. De hecho, algunos sostienen que son la mejor evidencia de la existencia del Yeti, mientras que la mayoría piensan que son las de una criatura mundana que ha sido distorsionada por la nieve que se derrite.

Sin embargo, la historia de posibles encuentros prosiguió en los años posteriores. En 1953, Sir Edmund Hillary y Tenzing Norgay informaron haber visto restos mientras escalaban el Monte Everest (Hillary luego cambiaría su versión a “poco probable”).

Eran tantas las personas de reconocido prestigio en la época que afirmaban haber encontrado huellas o rastros tan extraños, que el periódico Daily Mail decidió organizar una expedición que debía acabar con el mito. En 1954 se inició la denominada como: Snowman Expedition.

La expedición del Mail

DailyMail

La expedición duró seis meses y en ella fueron un grupo de científicos y montañeros, todo financiado por el periódico. El plan estaba claro. Encontrar a la misteriosa criatura.

El periodista del diario, Ralph Izzard, lideró al equipo de investigadores, entre los que se incluía el biólogo y antropólogo Charles Stonor, el naturalista Gerald Russell (que ayudó en la captura del primer panda vivo), el zoólogo indio Biswamoy Biswas, el camarógrafo y montañero Tom Stobart y el científico y montañero John Jackson, todos ellos apoyados por 200 Sherpas.

Los científicos recorrieron el Himalaya durante seis meses y enviaron actualizaciones regulares por correo. Lamentablemente, no descubrieron un solo yeti, aunque sí encontraron y registraron varias huellas no identificables, la mayoría de las cuales se atribuyeron a la erosión y la ampliación de una huella original por el viento y las partículas.

Uno de los investigadores de la expedición tomando muestras del “Yeti de Pangboche”. Wikimedia Commons

Los lugareños ofrecieron varias reliquias por el camino, casi todo pieles de animales y huesos, e incluso el equipo tuvo acceso al famoso “yeti del monasterio de Pangboche”. El cabello del cuero cabelludo fue analizado posteriormente por el profesor Frederic Wood Jones, un experto en anatomía que concluyó que los pelos de la criatura de Pangboche no eran del cuero cabelludo, sino que probablemente provenían del hombro de un animal con pezuñas de pelo áspero.

A su regreso, el explorador Tom Stobart escribió en el diario sobre la posibilidad de que la criatura existiera:
Cuando nos fuimos, no sabíamos casi nada sobre el tema; ahora sabemos mucho, pero aún no podemos dar más que una conjetura. Debo confesar que cuando anduve por las interminables laderas rocosas de las montañas, pensaba con frecuencia que la miserable criatura era un mito, pero eso no sería lógico, porque no encontrar a esta criatura no significa que no esté allí. En realidad, no hemos encontrado una sola prueba contra el yeti, y eso es mucho.

Lo cierto es que este punto de vista bastante poco científico fue compartido por el resto del equipo, incluso la aventura acabó con el libro (bastante famoso, por cierto) “The Abominable Snowman”, de Ralph Izzard.

No atacar al Yeti (a menos que te ataque él)

Las tres normas estadounidenses para los buscadores del Yeti. National Archives Identifier 24194175

Tras la expedición de Daily Mail surgieron muchas más. En 1957 el estadounidense Tom Slick financió algunas misiones para investigarlo, e incluso en una de ellas se encontraron supuestas heces de Yeti, aunque el análisis fecal encontró un parásito que no se pudo clasificar.

Para darle mayor misterio a esa especie de conjura no escrita que existía por darle credibilidad a lo que nadie había visto jamás, el investigador Bernard Heuvelmans analizó las heces concluyendo lo siguiente:
Dado que cada animal tiene sus propios parásitos, esto indica que el animal huésped es igualmente un animal desconocido.

Llegados a este punto, el propio gobierno de Estados Unidos se tomó muy en serio que alguien encontrase a la bestia. En 1959 lanzó una serie de leyes regidas por tres normas a seguir para cualquier estadounidense que quisiera ir detrás de la leyenda.

Sellos dedicados a la figura del Yeti. Wikimedia Commons

En primer lugar, se necesitaría un permiso de Nepal. En segundo lugar, en caso de encontrar algo, el gobierno de Nepal debería aprobar posteriormente cualquier noticia que informe sobre el descubrimiento del animal. En tercer lugar, estaba prohibido dañar o disparar al yeti, excepto en defensa propia. Por tanto, su búsqueda debía ser científica, nunca un deporte de caza. Al menos de cara al público.

Realmente todo se debía a un movimiento diplomático. El gobierno de Nepal había emitido la nota dos años antes, pero cuando Estados Unidos la tradujo al inglés, estaba indicando su apoyo al gobierno soberano de Nepal. Al hacerlo, Estados Unidos esperaba que Nepal, que es vecino de China, fuera amigo y vigilara el gobierno comunista de China.

Incluso la BBC informó de pelos recogidos en la remota zona de Garo Hills, en el noreste de la India. Restos que fueron analizados en Oxford por la primatóloga Anna Nekaris y el experto en microscopía Jon Wells.

Wikimedia Commons

Estas pruebas iniciales no fueron concluyentes, y el experto en conservación de simios, Ian Redmond, dijo a la BBC que había similitud entre el patrón de la cutícula de estos pelos y especímenes recogidos por Edmund Hillary durante las expediciones del Himalaya en la década de 1950.

Lo cierto es que la historia del Yeti nunca tuvo un final. Como decía el editor de Nature, Henry Gee, “las historias de criaturas míticas y legendarias a los humanos como el Yeti se suelen fundir con granos de verdad”. Aunque a todos nos encantan estas historias y la mitología, la ciencia sólo puede hablar en términos de leyendas dada la falta de pruebas concluyentes, no ya de un supuesto Yeti, de algún tipo de animal no categorizado.

En cualquier caso, recuerden, si lo ven en Estados Unidos, no es el Yeti, es el maldito Bigfoot.

Via: es.gizmodo.com

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