lunes, 4 de junio de 2018

El mito de los 37 grados, o por qué llevas toda tu vida midiendo la fiebre mal



¿Cuál es la temperatura corporal a partir de la que tenemos fiebre? Prácticamente todos contestamos a esta pregunta con una cifra: 37 grados Celsius (98,6 F). Los más versados murmuran que es cierto que puede variar, pero que esa cifra es el límite inferior de la fiebre. ¿Y si ti dijera que no es así?

Resulta científicamente arriesgado establecer una temperatura media universal como la correcta para todas las personas. La temperatura normal varía de un individuo a otro en función del sexo, la procedencia geográfica o la edad. Para rematar, la temperatura de un individuo varía sutilmente en función de la hora del día. El mínimo tiene lugar hacia las 6 de la mañana, y el máximo ronda la primera hora de la tarde. Otros procesos biológicos normales como la menstruación alteran también la temperatura sin que puedan considerarse una patología propiamente dicha.

Incluso aceptando todas estas variables, la temperatura media del ser humano no es de 37 grados Celsius (98,6 Farenheit), sino de 36,7 (98,2 F). Si hablamos de fiebre, la cifra que deberíamos estar atendiendo es de a partir de 37,1 por las mañanas, y a partir de 37,7 por las tardes.

¿De dónde han salido todas estas medidas? ¿Por qué tenemos cifras como 36,5 grados para definir una temperatura normal y 37 para la fiebre?

La respuesta a esa pregunta se remonta a 1851. Ese año, un médico del Hospital de Leipzig llamado Carl Wunderlich comenzó a pasearse por los pasillos del centro con un extraño dispositivo bajo el brazo. El aparato, un tubo de cristal de 40 centímetros, era el primer termómetro médico de la historia. Wunderlich y sus ayudantes se pasaron años midiendo la temperatura de los pacientes del hospital. No es trabajo pequeño teniendo en cuenta que su rudimentario termómetro tardaba 20 minutos en ofrecer una lectura. Los pacientes debían llevarlo ese tiempo metido bajo la axila.


El termómetro de Wunderlich aún se conserva en un museo. Fauquier ENT

En los años sucesivos obtuvieron millones de mediciones de más de 25.000 pacientes y en 1868, Wunderlich publicó Das Verhalten der Eigenwarme in Krankheiten (Sobre la temperatura de las enfermedades: Manual de termometría medica) El estudio fijaba la temperatura corporal normal a partir de la cual podemos hablar de fiebre en 37 grados y fue tan revolucionario que nadie lo discutió durante 140 años.

Wunderlich tiene el mérito de haber sido el primero en medir la temperatura corporal de manera tan exhaustiva. También fue el primero en formular la teoría (totalmente correcta) de que la fiebre es un síntoma de ciertas enfermedades y no su causa. No obstante, los medios tecnológicos de la época no eran tan precisos como los de ahora, y en los años 90 un profesor de medicina de la Unversidad de Maryland llamado Philip Mackowiak decidió comprobar los hallazgos del alemán.

Lo que Mackowiak descubrió es que el termómetro de Wunderlich medía un poco por encima de los actuales y que encima la manera en la que se usaba no era muy fiable. Es más preciso medir la temperatura en la boca o en el recto que en la axila, aunque es lógico entender porque el médico alemán optó por la axila y no por el recto considerando el tiempo de medición y que pasó por más de 25.00 pacientes.

Las mediciones de Mackowiak se consideran correctas. Sin embargo, han pasado más de 25 años y nos seguimos agarrando al tópico de los 37 grados. ¿Por qué? Probablemente porque una sola cifra universal es más fácil de recordar que varias que cambian a lo largo del día. El sesgo conocido como perseverancia de las creencias también nos lleva a seguir creyendo cosas aunque en el fondo sepamos que no son correctas. El propio Mackowiak lo resumió mejor que nadie: La gente quiere respuestas simples. [vía Mental Floss]

Add

Contenido Relacionado