viernes, 1 de diciembre de 2017

De fatalidades y conspiraciones: 7 famosos que murieron en accidentes misteriosos



Historias cargadas de misterio, envueltas entre conspiraciones y mera rúbrica de la alta siniestralidad. También de accidentes y muertes mitológicos habla la industria automotriz de antaño. En los años donde los automóviles significaban tecnología, la seguridad vial era un concepto incipiente y secundario. Cuando los accidentes fatales son protagonizados por personas famosas, el impacto se multiplica. Del suceso germinan leyendas que alimentan confabulaciones, promueven el misticismo y desarrollan teorías extraoficiales. Una recorrida por siete casos históricos del siglo XX en los que personajes de fama internacional fallecieron a bordo de un automóvil.

Isadora Duncan

Isadora Duncan fue una mujer inspiradora. Los historiadores la catalogan como la creadora de la danza moderna

La creadora de la danza moderna murió dentro de un auto. Isadora Duncan fue una bailarina y coreógrafa estadounidense de trascendencia mundial. Su danza era fresca, radical, innovadora, cargada de sensualidad y energía. Era una artista libre, transgresora, poderosa y emancipada de los tradicionalismos. Sin embargo, su vida le había guardado un temor y un recuerdo indeleble. Sus hijos Deirdre y Patrick murieron ahogados en París, en 1913, luego de que el auto que los transportaba cayera al río Sena.

La leyenda asegura que la bailarina y coreógrafa se murió ahorcada: su chalina se enredó en los rayos del neumático trasero

Su dolor se convirtió en obsesión. Constantemente decía que un auto iba a matarla. Pronosticaba su propia muerte aludiendo a la "maldición de las máquinas". Una premonición: el 14 de septiembre de 1927, Benoit Falchetto, amante y mecánico italiano, fue a recogerla en su precario descapotable Amilcar GS de 1924 para un encuentro romántico. Isadora ya tenía 50 años y atrás habían quedado sus años de fastuosos lujos: el Amilcar era un automóvil más bien modesto. Pero ella no sacrificaba su decoro y estilo. Vestía una chalina de seda a bordo de un modelo convertible. Las circunstancias trágicas que rodean su muerte contribuyeron a la consolidación del mito. La leyenda reza que Isadora Duncan murió ahorcada. La causa: la pieza de seda se enredó los rayos del neumático trasero.

Lady Di

Lady Di, retratada por Mario Testino, protagonista de uno de los accidentes trágicos más importantes de la historia

Tal vez el accidente automovilístico más trascendente de la historia moderna. El 31 de agosto de 1997 a las 00:20 de la madrugada Lady Di y Dodi Al Fayed, y romance de seis meses, salieron de la suite del Hotel Ritz. Iban camino a la casa del hijo de Mohamed Al Fayed, un millonario egipcio, cerca del Arco del Triunfo de París. A los pocos minutos, luego de tomar caminos alternativos, el chofer Henri Paul ingresó al túnel de Pont d'Alma. Saldrían a las horas, muertos en un accidente de tránsito.

El ingreso del Puente del Alma en París, con el recuerdo vivo de la Princesa de Gales (Getty)

El fallecimiento de la princesa Diana de Gales es uno de los acontecimientos preferidos de las teorías conspirativas: por su exposición, por su tragedia, por su trascendencia. La investigación de su muerte reprodujo dos informes independientes de la policía británica y las autoridades franceses. En 1999, el juez de instrucción francés Hervé Stéphan certificó: "El conductor del auto estaba en estado ebrio y bajo el efecto de medicamentos incompatibles con alcohol. No estaba en posición de mantener el control del vehículo". Paul no era un conductor profesional, era apenas un agente de seguridad del hotel propiedad de la familia Al Fayed, carecía del permiso para conducir el Mercedes-Benz Clase S 280 que estrelló contra el pilar trece del túnel y tenía 1,74 gramos por litro de alcohol en sangre (el triple de lo permitido). Sir John Stevens, jefe de Scotland Yard, y el veredicto del jurado del Tribunal Superior de Londres archivaron la investigación -entre 2004 y 2008- con conclusiones similares: las causas comprobadas fueron exceso de velocidad y -literal- "el deterioro de la capacidad de discernimiento del conductor por el alcohol".

La imagen del Mercedes-Benz Clase S, curiosamente uno de los autos más seguros de la época, en el que murió Lady Di (AP)

Pero para Mohammed Al Fayed no fue suficiente. Y alimentó la teoría del accidente provocado, de un acto voluntario de sabotaje. Instaló la hipótesis de que la princesa Diana estaba embarazada de su hijo Dodi, el móvil que perpetrara el doble asesinato: según el magnate la realeza británica "no soportaría que un musulmán egipcio pudiera convertirse en el padrastro del futuro rey de Inglaterra". La conspiración fue tan persistente que inspiró una reacción oficial. En enero de 2004, Scotland Yard inició una investigación que demandó dos años, cuatro millones de euros y 832 páginas de análisis y conjeturas. La llamada Operación Paget reprobó la acusación más dramática: el autoatentado, articulado por la corona británica y los servicios secretos del Reino Unido. 20 años después, los rumores de conspiración conviven con el recuerdo de Lady Di.

James Dean

El mítico actor estadounidense James Dean junto a su “little bastard”, su pequeño bastardo

"Vive intensamente, muere joven y deja un bonito cadáver", pensaba James Dean, mítico actor estadounidense de la década del cincuenta. Lo cumplió, casi que paradójicamente: murió a los 24 años en un accidente automotriz a bordo de su flamante Porsche Spyder 550, bautizado el "pequeño bastardo" tal vez por su exigencia, por su intimidante relación peso-potencia. Era un deportivo ligero y esbelto: motor 1.5 bóxer con doble carburación capaz de entregar 110 CV, con un peso mísero de apenas 550 kg de chasis y carrocería de aluminio. Su velocidad máxima era de 225 kilómetros, un logro para la época: había sido lanzado en 1954. Era una auténtica máquina aerodinámica.

James Dean no duró una semana con su nueva adquisición. Sir Alec Guinness, otro célebre actor, le expresó su preocupación al conocer el vehículo. "Jimmy, no lo conduzcas. Con este auto te vas a matar en una semana", le advirtió. Ursula Andress y Eartha Kitt, también actrices, rechazaron subirse al deportivo porque les transmitía "malas vibraciones". Beverly Long, otra célebre figura del cine, dijo que viajar en el auto de Dean era como una excursión al cementerio.

La velocidad máxima del Porsche Spyder 550 era de 225 kilómetros por hora, prestaciones top para la época

A comienzos de septiembre de 1955, protagonizó una publicidad de la National Highway Traffic Safety Administration en la que sugería tener más cuidado en la conducción. "Take it easy driving", pedía, y concluía que "la vida que puedes salvar podría ser la mía". Semanas después, el 30 de septiembre, James Dean se mató en su Porsche Spyder 550, como si fuese una profecía maligna. Un Ford Tudor conducido por un estudiante se le cruzó en la ruta 41, cerca de localidad de Salinas, en el estado de California. Viajaba junto a Rolf Weutherich, mecánico y amigo. Dean murió camino al War Memorial Hospital. Weutherich se fracturó brazo y clavícula. Y el pequeño bastardo quedó destruido. No así su maldición.

Los restos fueron comprados por el restaurador George Barris, el creador del primer Batimóvil. La leyenda del automóvil con bastidor número 2Z77767 acumuló siete accidentes más con un derivado de ocho heridos graves y cuatro muertos. Incidentes de robos fallidos, ruedas reventadas que provocaron siniestros fatales, eventos desafortunados en exposiciones, un cúmulo de desgracias que alimentan el imaginario popular. Su maldición fue demasiada: Barris quiso desprenderse del Porsche Spyder 550 despiezado, con un final tétrico. Su dueño quiso trasladar los restos al otro extremo del país, a Nueva Orleans, pero misteriosamente desaparecieron. Según rumores recientes, el "pequeño bastardo" o lo que queda de él se conserva en una caja oculta en un depósito de un humilde museo en Volo, Illinois.

Albert Camus

Albert Camus fue un brillante novelista, ensayista y dramaturgo francés

"No conozco nada más idiota que morir en un accidente de auto", dijo Albert Camus el 3 de enero de 1960. Hablaba sin nombrarlo del ciclista Fausto Coppi, luego de que los diarios de la época publicaran por error las causas de su muerte. La malaria había atacado al campeón italiano de ciclismo. Al día siguiente, el notable escritor y filósofo moría de la forma más idiota. Como si fuese literatura, y la vida, un absurdo.

El escritor murió en un accidente de autos en 1960 a bordo de un Facel Vega (Getty Images)

El 4 de enero de 1960 viajaba junto a su amigo y editor Michel Gallimard. Atrás iba su familia: Madame Gallimard y su hija Anni. Un neumático trasero se reventó mientras el Facel Vega -un deportivo francés con motor V8 de Chrysley, una pieza exclusiva para la época- aceleraba a 130 kilómetros por hora en dirección a París. Un árbol detuvo el descontrol de un vehículo a la deriva de la desgracia. El Premio Nobel de Literatura de 1957 iba de acompañante: murió en el acto. El resto de los pasajeros sobrevivió a la colisión.

Grace Kelly

Grace Kelly, aclamada actriz que dejó Hollywood para ejercer de Princesa de Mónaco, murió en un accidente automovilístico

El 13 de septiembre de 1982 la Princesa de Mónaco, Grace Patricia Kelly, viajaba de vuelta hacia el principado desde su residencia en Roc Angel. Lo hacía junto a su hija Estefanía de 17 años. A las 09:31 comenzó el recorrido por las serpenteantes curvas de La Turbie, la ruta 37, un camino que conocía. El reloj de su Rover 3500 V8 se detuvo a las 09:54, mientras lo atacaban las llamas de un auto que se había incendiado luego de rodar 38 metros por las colinas de las montañas de Mónaco.

Grace Kelly murió al día siguiente, a sus 52 años, por una hemorragia cerebral producto del siniestro. Había sido una aclamada actriz de Hollywood y prometida del príncipe Rainiero. Perdió la vida en la misma escenografía donde había filmado Atrapa a un ladrón, bajo la dirección de Hitchcock. La leyenda dice que sus frenos no funcionaron, un camionero jura que las luces de los frenos traseros nunca se encendieron, las crónicas aseguran que ese trazado -y particularmente la curva donde Kelly perdió el control del vehículo- es traicionero.

La leyenda dice que el auto en el que viajaba lo conducía su hija Estefanía de 17 años (Keystone/Getty Images)

Versiones encontradas sugieren que Kelly, que conocía los vericuetos de una carretera tortuosa, no conducía el Rover, sino su hija. Lo afirmó uno de los primeros socorristas del accidente. Estefanía salió disparada por la puerta del conductor y permanecía herida pero consciente sobre el costado del volante. La teoría fue rápidamente desaprobada por las pericias oficiales, aunque no dilapidó el halo de misterio que cubre aún la muerte de la Princesa Grace de Mónaco.

Jean Bugatti

Un Bugatti Type 57 Tank como el que participó en el accidente que acabó con la vida de Jean Bugatti

Los comienzos de Bugatti no fueron felices. Ettore, fundador de la automotriz de lujo que lleva su nombre, alguna vez soñó una premonición fatal: que su hijo Jean, diseñador y piloto de pruebas, sufriría un accidente trágico a bordo de un deportivo marcado con un IX. Era la mañana del viernes 11 de agosto de 1939 y Jean tenía que rodar con un prototipo del Bugatti Type 57 Tank, una evolución del modelo ganador de Le Mans.

Pero el número del vehículo de pruebas era el IX, el mismo que había protagonizado la pesadilla del presidente de la compañía. Inmediatamente solicitó cambiar la numeración alterando el orden de los factores. Jean Bugatti salió a pista con el XI en su carrocería. Pero la modificación no esquivó la maldición: un cartero perdió el control de su bicicleta cuando el Type 57 Tank de Jean circulaba a más de 200 kilómetros por hora. Una maniobra desesperada, el impacto frontal con un árbol y la muerte instantánea del heredero. El accidente fue el principio del fin para Ettore, acusado de juicio por colaboracionismo en la invasión alemana en el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Murió en 1947, en la vieja fábrica donde trabajaba Jean.

Jayne Mansfield

Jayne Mansfield, actriz y modelo estadounidense, murió en 1967 sobre un Buick Electra en una ruta de Nueva Orleans (Hulton Archive/Getty Images)

Jayne Mansfield es más famosa por su trágica muerte que por su suculenta vida. Encontró la beta a la sombra de Marilyn Monroe, ícono supremo de Hollywood. Se postuló como su competencia, cobró el rol de rubia tonta en homenaje y provecho comercial del estereotipo que había inaugurado la diva a la que perseguía e imitaba. Siempre quiso ser Marilyn pero no pudo: se convirtió en una vulgar parodia. Bella, platinada, voluptuosa, desangelada, artificial, pecó de exagerada. Se había entregado a un personaje que convidaba lo que el público quería. Ella, una mujer inteligente que hablaba cinco idiomas y que eligió explotar su físico y su imagen como instrumento de marketing.

Hizo películas malas y estuvo poco tiempo trabajando en la moda. Murió a los 34 años, era madre de cinco hijos y había tenido tres esposos. La noche del 29 de junio de 1967 no quiso quedarse a dormir en Biloxi, una pequeña ciudad de Mississippi. Y a bordo de un Buick Electra de 1966 conducido por un chofer veinteañero emprendió regreso a Nueva Orleans. Tres personas iban adelante: el conductor, ella y Sam Brody, su tercer marido. Detrás, tres de sus hijos. "Desafortunado viaje nocturno con dos hombres. Sus hijos presenciaron su muerte", titularían los periódicos.

Imágenes del accidente fatal en que además de Mansfield murieron el conductor y Sam Brody, su marido (Keystone/Getty Images)

La niebla se había apoderado de una ruta de madrugada. Un camión transitaba lento o estaba detenido -nunca se sabrá- pero para la velocidad del vehículo que transportaba a los seis pasajeros resulta un detalle menor. Choque frontal y fatal. Todos dormían menos el chofer: los tres que iba adelante fallecen en el acto, los hijos de Mansfield son derivados al hospital con heridas leves. A los días, algunos medios dijeron sin escrúpulos y con morbo que la actriz murió decapitada. Pero las fotografías solo ilustraban el rubio platinado de su peluca.

Con información de infobae.com

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