miércoles, 22 de noviembre de 2017

El origen de: el semáforo



Se trata de uno de los avances que quizás menos notamos en nuestra vida cotidiana: están en casi todas las esquinas de cualquier ciudad del mundo, y regulan minuto a minuto un problema que cada vez es más patente: el exceso de automóviles y de tráfico que colma las calles. Si no hubiese semáforos para ordenar a quién le toca pasar, las calles serían una selva (bueno, una peor de la que ya es).

La historia del semáforo, sin embargo, comenzó cuando el tráfico de autos no era todavía un gran problema, y su inspiración estuvo en los trenes.

El primer semáforo no era eléctrico y se inventó mucho antes que el que mencioné al inicio de la nota, a fines de la década de 1860. La idea nació de las señales ferroviarias, que se usaban ampliamente para entonces. Por ejemplo, había que indicar a las personas que querían cruzar la vía si venía o no un tren, había que mostrarle al maquinista si debía frenar porque la estación estaba cerca, o si venía un cruce, etc.

En 1865, el ingeniero inglés John Peake Knight, que trabajaba en ferrocarriles, era el encargado de diseñar sistemas de señales para la creciente red de trenes del país. Y de repente se le ocurrió que no sería mala idea usar esas señales también en la calle.


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Knight no era realmente un inventor, pero sí podía reconocer una buena idea y aprovecharla de una forma diferente. Así, ese año fue a conversar la Policía Metropolitana y les planteó esta idea de usar señales de trenes en las calles londinenses. Aunque los autos no eran un gran problema, sí había un caos con las carretas, que llegaban y pasaban, haciendo que los peatones corrieran riesgo al atravesarse entre los caballos.

La propuesta de Knight era usar un sistema de semáforo de brazos, donde un brazo estaba en posición horizontal para indicar “pare”, o estaba inclinado para indicar “siga”, que es lo que se usa en los trenes. El ingeniero decidió considerar las calles como si fuera una línea principal de trenes y desvíos. En el día, se comenzó a usar el sistema de los brazos, mientras que de noche se instalaron una luz roja (para detenerse) y verde (para avanzar) que eran operadas por un policía.

Las luces funcionaban a gas. El plan fue finalmente implementado en 1868, y el semáforo se instaló en pleno centro de Londres y fue un éxito. Knight predijo entonces que habría más señales en la ciudad, pero un desastre hizo que sus planes fueran suspendidos abruptamente.

En 1869, una filtración de gas en uno de los focos causó una explosión, que hirió al policía que operaba la luz, dejándolo con quemaduras. El proyecto fue abandonado rápidamente tras este desastre.

Reaparición


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No sería sino hasta 40 años después que la idea del semáforo volvería a aparecer, un 5 de agosto como hoy, pero en 1914, y al otro lado del charco – en Estados Unidos. Para estos tiempos, el asunto del tráfico era un problema mayor que causaba dolores de cabeza a los policías, que tenían que tratar de ordenar los caballos, bicicletas, peatones y algunos autos.

Para estos tiempos ya había electricidad, por lo que el semáforo que se instaló en Cleveland hace 97 años se considera el primer semáforo eléctrico del mundo. El creador de este aparato fue James Hoge, quien patentó su creación en 1918 como “sistema municipal de control de tráfico”. El semáforo era operado manualmente y utilizaba luces para desplegar las palabras “STOP” y “MOVE”.

Desde entonces se comenzaron a hacer varias modificaciones y adaptaciones a los semáforos, como el uso de luces verdes y rojas, se agregó luego el amarillo en 1920, semáforos de cuatro vías, se automatizaron (para que ya no fueran operados a mano) y se empezaron a usar luces más eficientes (hasta los LEDs de hoy). Desde entonces se masificaron por todo el mundo, convirtiéndose en un estándar mundial.

Con información de fayerwayer.com

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