sábado, 1 de julio de 2017

Dormir poco podría ser mucho peor para la salud de lo que pensabas

La falta de horas de sueño tiene consecuencias muy evidentes como la excesiva somnolencia diurna, cambios del estado de ánimo, aumento del estrés o incluso alucinaciones y locura temporal si pasas mucho tiempo sin desconectar el cerebro, pero nuevos estudios ofrecen algunas pistas inéditas sobre el efecto que tiene dormir menos horas de las recomendadas a largo plazo. Desde demencia a riesgos de infarto.



Somos conscientes de la cantidad de problemas, más graves o menores, que la falta de horas de sueño pueden acarrear cada día. A nivel fisiológico, puede repercutir en la facilidad del metabolismo para procesar la glucosa, lo que puede provocar desniveles de azúcar en la sangre y favorecer un aumento de peso, normalmente por aumento del apetito, una consecuencia de falta de sueño reparador, que lleva a un intento más efectivo de recargar la energía no recuperada en la noche, de ahí el dicho de que dormir poco “engorda”.

La falta de sueño también provoca disminución de la temperatura corporal basal, relacionada con constancia del ritmo cardíaco. Además, al dormir, se nos haría una pequeña limpieza de disco duro, eliminando la memoria a corto plazo, dejando espacio para más información. Esto afecta a la capacidad de asimilar conocimientos pérdidas de memoria y recuerdo, lentitud e imprecisión, alteración en el habla y dificultad para aprender o resolver problemas. ¿Suficiente? Pues también puede provocar agotamiento, trastornos gastrointestinales o bajada de defensas.

Ahora, un nuevo estudio sugiere que la privación crónica del sueño puede hacer que el cerebro "se coma a sí mismo", esto es, como las células que digieren desechos celulares cuando hay un exceso. Como hemos visto, el sueño es crucial para el correcto funcionamiento del cerebro. Mientras dormimos, se eliminan los subproductos tóxicos del día, un poco de limpieza neuronal, un mantenimiento para que todo esté en el estado adecuado. Los responsables de parte de este trabajo son las células de microglía, cuya misión es ingerir productos de desecho del sistema nervioso, devorando los restos celulares de células gastadas y muertas. Otro grupo, los astrocitos, son células multitarea realizando una serie de funciones como la poda de sinapsis innecesarias para ayudar a volver a conectar el cerebro.

Journal of Neuroscience se hace eco del experimento de un equipo en el que se usaron cuatro grupos de ratones: al primero se le permitió dormir durante el tiempo que quisieran, al segundo se le despertó periódicamente, al tercero se le mantuvo despierto ocho horas más y el cuarto fueron privados de sueño durante cinco días seguidos. En los ratones bien descansados, los astrocitos estaban activos en el 6 por ciento de las sinapsis, mientras que el grupo de ocho horas mostró 8 por ciento de actividad de astrocitos, y el grupo de cinco días un enorme 13,5 por ciento. Es decir, este sistema se desborda en los cerebros privados de sueño.

En la actividad de la microglía se observó también mucha actividad, pero sólo después de la pérdida crónica de sueño, que activa a tope a las células microgliales y promueve su actividad fagocítica (digestión de residuos), aparentemente sin signos manifiestos de neuroinflamación. El cerebro está constantemente creando, fortaleciendo y deconstruyendo un intrincado laberinto de pasajes en su interior, un proyecto interminable donde algunas estructuras biológicas se construyen y otras se rompen. Pero un aumento en esta actividad degeneradora astrocítica y la activación de microglía podría explicar por qué la falta de sueño parece hacer a las personas más vulnerables a desarrollar demencias relacionadas con neurodegeneración.

Por otra parte, otra investigación reciente concluía que dormir menos de seis horas por noche podría duplicar las probabilidades de morir de enfermedad cardíaca o accidente cerebrovascular (ACV) de personas que ya tienen factores de riesgo de enfermedad cardíaca y diabetes. Este conjunto de factores de riesgo, se conoce como síndrome metabólico y puede incluir hipertensión, niveles altos de colesterol, azúcar alto en la sangre, obesidad, etc. Las personas con más de tres de esos problemas que duerman más, podría conducir a un mejor pronóstico.

El estudio no prueba que las personas con síndrome metabólico que duermen muy poco desarrollarán una enfermedad cardíaca pero da pistas suficientes para establecer una asociación. Desde el estilo de vida, puesto que el sedentarismo y la peor dieta, que suelen estar relacionadas con esos factores de riesgo, también tienen que ver con trastornos de sueño. Lo que crea la duda en las conclusiones del estudio sobre si la falta de sueño aumenta el riesgo de muerte prematuro o si es simplemente una señal más de mala salud. Lo único cierto es que las personas con síndrome metabólico que no dormían al menos seis horas tenían alrededor de dos veces más probabilidades de morir de enfermedad cardíaca o accidente cerebrovascular que las personas sin síndrome que dormían menos de seis horas, además de casi dos veces más probabilidades de morir por cualquier causa, en comparación con las que no tenían síndrome metabólico.

Con información de gonzoo

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