lunes, 1 de mayo de 2017

Y tú, ¿sufres de 'Googleitis'?



Googleitis comenzó a usarse en el año 2009 para acuñar la necesidad compulsiva de obtener respuestas a cualquier pregunta en el buscador Google.

También denominada como Compucondría o Cibercondría, la Fundación Fundeu lo define como la preocupación obsesiva por la salud que lleva a consultar Internet continuamente para confirmar enfermedades que se cree padecer, por lo general graves, o en busca de síntomas, efectos o posibles tratamientos.



María Sopeña, psicóloga del centro Álava Reyes, explica a Gonzoo que es una práctica que "está cada día más en auge porque la disponibilidad es cada vez mayor. Es una herramienta útil y de referencia que nos hemos acostumbrado a usar”. Asimismo, asegura que "buscar diagnósticos no es malo, el problema viene cuando estos resultados se escapan a nuestro control y afectan a nuestra vida cotidiana", y añade que "cada persona tiene una sensibilidad diferente, por eso podemos decir que no todo el mundo tiene razones obvias para preocuparse. Lo primero que debe saber la gente es si el motivo de preocupación es auténtico o no".

Esto mismo le ocurrió a Claudia Gómez que, tras el fallecimiento repentino de un amigo de su pareja por una afección coronaria, comenzó a sufrir un pequeño pinchazo en el pecho. La joven, tras su búsqueda constante en Google, se acostaba cada noche poniéndose en lo peor, algo que ya afectaba a todos los ámbitos de su vida y a su sistema nervioso.

"No dormía por las noches pensando que iba a morir, era verdaderamente terrible. Fui al cardiólogo, y tras numerosas pruebas, tan solo me diagnosticó ansiedad. En ese momento, concilié el sueño y pude llevar una vida normal", relata la joven.



Muchas veces la sugestión y la preocupación llevan ese círculo vicioso de búsquedas e intranquilidad, que unido a la implementación de los móviles y la tecnología en el día a día, hace que tengamos la tentación de realizar consultas en cualquier momento y de forma inmediata para satisfacer nuestras necesidades.

"Como esa técnica nos funcionó un día para aliviar la preocupación, acabamos recurriendo siempre a lo mismo, pero cada vez demandando más información. Y así, en vez de conformarnos con una página, acudimos a dos o a tres para contrastar. Eso provoca que en el futuro, en caso de sentirme nervioso, repita esa pauta", explica la psicóloga.

Actualmente, podemos encontrar cantidades ingentes de averiguaciones referidas a nuestra salud, pero ese gran flujo puede llevar a la desinformación, la automedicación, el diagnóstico erróneo y un brote de preocupaciones modernas repartidas por multitud de países.

"Cuando estamos inmersos en nuestra preocupación acabamos buscando la confirmación a través de gente que no es especialista. El mayor riesgo se encuentra en buscar fuentes que no son fiables ni científicas".

Además, es importante recalcar las grandes diferencias entre una persona diagnosticada de hipocondría y alguien que simplemente realiza búsquedas a través de la red.

La hipocondría, según el consejo general de psicología española, es una afección caracterizada por la preocupación a padecer o la convicción de tener una enfermedad grave, y afecta ya a entre el 15% y el 20% de la población española.

"No hace falta patologizar todas las conductas del mundo. Es normal que la gente busque información sobre términos que no conoce y sobre cosas que le pasen, la diferencia es que el hipocondríaco no busca para desmentir, si no que busca la confirmación de que está enfermo, interfiriendo así en su vida normal", nos cuenta María.

Las recomendaciones para este tipo de conductas se basan en la educación y concienciación de la sociedad en el uso responsable de las tecnologías. Por ejemplo, la Asociación de la Salud y la Ciencia belga creó una campaña de concienciación bajo el título "Don't Google it" (No lo googlees), advirtiendo del peligro de estas consultas en sitios no fiables y sin contar con la ayuda de un especialista.


Con información de gonzoo.com

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