jueves, 18 de mayo de 2017

Paul Walker, Carrie Fisher, Heath Legder, Phoenix, Dean... El final fue el inicio de sus leyendas



Un Porsche Carrera GT a toda velocidad, a más de 130 kilómetros por hora, una curva y el vehículo colisionando con un poste de la luz y un par de árboles. Fue un 30 de noviembre de 2013 en Santa Clarita, California. En su interior, además del conductor, un copiloto que se había convertido en una celebridad, el actor Paul Walker. Había fallecido, a los 40 años, el hombre y comenzaba la leyenda. El personaje que le había dado la fama era el de Brian O'Conner, proscrito y agente del FBI, en la saga Fast & Furious.


La séptima entrega tuvo que concluirse, con el permiso de sus familiares, recurriendo a efectos digitales, dobles de acción y a dos de sus hermanos, Caleb y Cody. Y fue como si millones de fans y espectadores quisieran rendirle un último homenaje, acudiendo en masa a los cines. Fast & Furious 7 resultó ser la más taquillera de la franquicia recaudando nada menos que 1.516 millones de dólares en todo el mundo, casi el doble que la sexta, que se hizo con 788,7.

Fast & Furious 8 se estrenó el 13 de abril. Su compañero de reparto, y también gran amigo en la vida real, Vin Diesel prosigue al frente del equipo de Furious y siempre tiene un recuerdo o un detalle para honrar su memoria. La llegada de una muerte demasiado prematura o inesperada a veces ha coincidido, o tal vez impulsada por el funesto hecho, con el momento de mayor gloria para su víctima. Uno de los casos más recordados es el del australiano Heath Ledger. Su vida se paró en enero de 2008 a los 28 años de edad. Una combinación letal de medicamentos, pastillas para dormir y antidepresivos le impidieron saborear la celebridad internacional que le otorgaría su penúltima interpretación, la de un inolvidable Joker en El caballero oscuro (2008) y que le valió, a título póstumo, el Oscar como mejor actor de reparto.

Le quedó a medias otro trabajo en El imaginario del Doctor Parnassus (2009) de Terry Gilliam y que completaron, a modo de tributo, Johnny Depp, Jude Law y Colin Farrell. La magia era uno de los temas esenciales de la película, y ello contribuyó a hacer verosímil el que su personaje, Tony, fuera cambiando de rostro. Nueve años después aún sigue vivo en la memoria de los cinéfilos. Sin ir más lejos, el 23 de abril se estrenó en primicia el documental sobre su vida I Am Heath Ledger, en el Festival de Tribeca de Nueva York.

El poder de las estrellas de la pantalla para llegar al corazón de millones de espectadores de todos los rincones del mundo quedó claro ya desde los tiempos del cine mudo. El primer latin lover de Hollywood, Rodolfo Valentino, y el principal galán y sex-symbol masculino del cine silente murió a los 31 años, en agosto de 1926. Más de 100.000 personas salieron a las calles de Manhattan para presentar sus respetos al paso de la comitiva del funeral. Entre sus fans hubo ataques de histeria e incluso suicidios. Esa temprana muerte no hizo más que alimentar su leyenda.

James Dean, otro de los grandes iconos del séptimo arte, y solo con tres películas como protagonista, Al este del Edén, Rebelde sin causa (ambas de 1955) y Gigante (1956). Había fallecido a los 24 años en septiembre de 1955 —también en un Porsche, pero sin que fuera culpa suya, embestido en un cruce por otro auto—, y solo pudo ver como se estrenaba en cines la primera de sus películas. También a título póstumo fue nominado dos veces como mejor actor, por Al este del Edén y por Gigante.

Estrellas en una galaxia no tan lejana

Seguramente el nombre de Massimo Troisi les resulte menos conocido. Pero hace 23 años también protagonizó una emotiva interpretación. El actor italiano padecía desde hacía tiempo una grave enfermedad cardíaca. Tal vez por ello se volcó en la que podría ser su última película, El cartero y Pablo Neruda (1994), y en la que interpretaba el personaje del funcionario de correos del título. Apenas habían pasado 24 horas de la finalización del rodaje cuando el corazón de Troisi dejó de latir mientras dormía. Tenía 41 años. Era el 4 de junio de 1994. La película, dirigida por el británico Michael Radford, fue un éxito en taquilla y fue nominado al Oscar, por partida doble, como protagonista y en el apartado de mejor guion adaptado —había sido también uno de los guionistas—.

Nunca sabremos si de proseguir con su carrera Brandon Lee, hijo del mayor icono del cine de artes marciales de toda la historia, Bruce Lee, se habría labrado un sólido prestigio. Solo contaba con 28 años cuando, durante el rodaje de El cuervo (1993), en una escena fue mortalmente herido en el estómago por una bala que debía ser de fogueo. Entonces también nació su leyenda, la propia y al margen de su célebre padre. Ese año de 1993 fue especialmente fatídico. Pocos meses después fallecería River Phoenix —hermano mayor de Joaquin Phoenix—, con 23 años y a causa de una sobredosis. En dos de las películas que debía rodar, Vidas al límite y Diario de un rebelde, fue sustituido por otro joven también muy prometedor llamado Leonardo DiCaprio. Y además, un macabro nexo de unión con El cuervo porque River tuvo inicialmente la oportunidad de ser quien la protagonizara.

Con la mirada puesta en las estrellas, Carrie Fisher nos dejaba el pasado 27 de diciembre, víctima de una parada cardiorrespiratoria y después de haber sufrido un infarto cuatro días antes, en un vuelo de Londres a Los Angeles. Ocurría cuando volvía a estar en la primera línea mediática y de sus fans, después de retomar a su icónica Princesa Leia en Star Wars: El despertar de la fuerza. El estreno, el próximo diciembre, del Episodio 8: Los últimos Jedi se vislumbra como todo un acontecimiento, no solo entre los numerosísimos fans de la saga galáctica creada por George Lucas sino también por lo que significará ese último adiós a Carrie Fisher. Quedará por comprobar si en el Episodio 9 también la veremos, aprovechando material ya rodado y sin tener que recurrir a los efectos digitales.

Con información de 20minutos.es

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