domingo, 23 de abril de 2017

El consumo moderado de alcohol protege solo frente a ‘algunas’ enfermedades cardiovasculares



En los últimos años se han desarrollado numerosos estudios para evaluar el efecto del alcohol sobre la salud cardiovascular. Unos trabajos que si bien han demostrado que el exceso de alcohol es claramente pernicioso, no han sido capaces de establecer si el consumo moderado es beneficioso o, por el contrario, perjudicial. Así, y en función del estudio que se mire, la ingesta moderada de alcohol tendrá un efecto protector o dañino sobre el sistema circulatorio. Y esta contradicción, ¿a qué se puede deber? Pues según un nuevo estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), a que este consumo moderado reduce el riesgo de desarrollo de algunas enfermedades cardiovasculares, caso de la insuficiencia cardiaca. Pero no así de otras, como sería el ictus hemorrágico.

Como explica Steven Bell, director de esta investigación publicada en la revista «The BMJ», «el hallazgo de que el consumo moderado de alcohol no se encuentra universalmente asociado con un menor riesgo de todas las enfermedades cardiovasculares sugiere que necesitamos matizar nuestro enfoque sobre el papel del alcohol en la prevención de este grupo de enfermedades».

Protección parcial

De acuerdo con la creencia general actual, el consumo moderado de alcohol, esto es, la ingesta máxima de 112 gramos semanales de etanol –lo que equivaldría a 14 vasos de vino tinto o 14 cervezas de tamaño mediano–, se asocia con un menor riesgo de desarrollo de enfermedades cardiovasculares que la abstinencia o el abuso del alcohol. Pero, ¿esto es realmente así? Pues según muchos especialistas, no. Y para ello aluden a que muchas personas han tenido que dejar todo consumo de alcohol, aun moderado, por cuestiones de salud. Entonces, ¿en qué quedamos?

Para responder a esta pregunta, los autores evaluaron el efecto del consumo de alcohol sobre el riesgo de aparición de 12 enfermedades o episodios cardiovasculares: angina crónica estable, angina inestable, infarto agudo de miocardio, insuficiencia cardiaca, paro cardiaco –o ‘episodio de muerte súbita’–, ictus isquémico transitorio, ictus isquémico, ictus hemorrágico, enfermedad arterial periférica, aneurisma aórtico abdominal, y muerte inesperada por causa cardiovascular. Y para ello, analizaron los historiales médicos de 1.937.360 mujeres y varones británicos mayores de 30 años que no padecían ninguna enfermedad cardiovascular en el momento de su inclusión en el macroestudio CALIBER.

Los participantes fueron incluidos en dos grupos en función de que bebieran –en el presente o en el pasado– o no alcohol, y durante el periodo de seguimiento –entre 1997 y 2010, estableciéndose la media de seguimiento en seis años– se diagnosticaron un total 114.859 nuevos casos de enfermedad cardiovascular.

De acuerdo con los resultados, y comparado frente a la ingesta nula o abstinencia, el consumo moderado de alcohol se asoció con un menor riesgo de presentación en un primer examen rutinario de angina inestable, infarto de miocardio, muerte por causa cardiovascular, insuficiencia cardiaca, ictus isquémico o enfermedad arterial periférica. Un beneficio, sin embargo, que no se observó en el resto de episodios o enfermedades cardiovasculares.

Entonces, y en aras de proteger nuestra salud cardiovascular, ¿debe recomendarse el consumo moderado de alcohol? Pues no. Como puntualiza Steven Bell, «no resultaría demasiado inteligente alentar a la población a que beba para bajar su riesgo cardiovascular en detrimento de otras intervenciones más eficaces y seguras como serían aumentar la actividad física y dejar el tabaco».

Nunca en exceso

Por su parte, y como cabría esperar, la ingesta en exceso de alcohol –esto es, más de los referidos 112 gramos semanales de etanol– se asoció con un mayor riesgo de ictus isquémico transitorio, paro cardiaco, enfermedad arterial periférica, ictus isquémico, insuficiencia cardiaca, ictus hemorrágico y muerte cardiovascular. Pero también con una menor probabilidad de presentación de una angina inestable o de un infarto de miocardio cuando se compara frente a la ingesta moderada.

Pero, ¿no se supone que el consumo excesivo de alcohol es ‘malo’? Pues sí. Como apunta Steven Bell, «estos resultados no quieren decir que las personas que beben alcohol en exceso no vayan a sufrir un infarto en el futuro. Solo indican que estas personas tienen una menor probabilidad de presentarlo en un primer momento cuando se comparan con los bebedores moderados».

Y este presunto efecto protector, aun parcial, de la ingesta moderada de alcohol –e incluso ‘excesiva’ en lo que refiere al infarto y a la angina de pecho–, ¿cómo se explica? Pues no se sabe, dado que como reconocen los propios autores, se trata de un estudio de tipo observacional y, por tanto, no se pueden extraer conclusiones del tipo ‘causa y efecto’. Tampoco unas recomendaciones claras sobre el consumo, nulo, leve o moderado, de alcohol. Es decir, hacen falta más estudios.

Con información de abc.es

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