viernes, 24 de marzo de 2017

Los efectos secundarios de la insufrible necesidad de tener siempre la razón



Uno de los grandes males de la humanidad sigue siendo esa insufrible necesidad por tener siempre la razón: “Mi verdad es la única verdad y la tuya no vale” enarbola el palacio mental de muchas personas e incluso de ciertos organismos, grupos políticos o países que gustan de vendernos sus idearios como panfletos moralizantes, reseña La mente es Maravillosa.

Ahora bien, más allá de ver estos hechos como algo aislado o anecdótico, debemos tomar conciencia de que es algo serio. Porque quien se obsesiona en tener siempre la razón acaba sufriendo dos efectos secundarios implacables: el aislamiento y la pérdida de la salud.

Según un estudio llevado a cabo en la Universidad de Bradford (Reino Unido), cerca del 60% de personas con este tipo de perfil, sufre úlceras, altos niveles de estrés y relaciones disfuncionales con la familia.

Además, y por si no fuera bastante, son personas que alteran la convivencia de todo entorno en el que se mueven. Debemos ser capaces de conectarnos a los demás, de ser sensibles, respetuosos y hábiles a la hora de crear entornos más armónicos.

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