lunes, 20 de marzo de 2017

Colores que solo existen en tu cerebro



Hace unas semanas Matt Lieberman, un neurocientífico de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) lanzaba un curioso graznido en Twitter al publicar la azulada fotografía de un puñado de fresas acompañada de un texto asegurando que en aquella instantánea realmente no existía el color rojo sino la ilusión del color rojo creada por nuestro cerebro:



El caso es que, aunque parecía lo contrario, Lieberman tenía razón y en aquella imagen las frutas del bosque de color rojo en realidad estaban compuestas por diferentes tonalidades de azul. Comprobarlo era una tarea sencilla con el Photoshop a mano, bastaba con abrir la imagen con el programa de Adobe y seleccionar el color con la herramienta cuentagotas para ver que aquello andaba más cerca del gris y el azul que de las tonalidades rojizas. Para los más vagos algunas cuentas de Twitter se dedicaron a publicar los resultados de sus propias investigaciones:




Lo interesante es que a pesar de no existir rojo en la foto nuestro cerebro se encargaba de colorear la estampa tiñendo las fresas de dicho color de manera automática. A este fenómeno se le conoce como la llamada constancia del color, un mecanismo que actúa sobre el modo que tenemos de percibir los colores, un recurso del cerebro que permite mantener constante el tono cromático de los objetos conocidos incluso cuando dichos objetos son sometidos a diferentes iluminaciones.

Gracias a eso nuestra percepción de esas fresas será siempre la de elementos de color rojo aunque estén sometidas completamente a una luz intensa de cualquier otro color. Esta asombrosa característica particular del ser humano resulta esencial a la hora de identificar los objetos y a día de hoy no ha podido ser replicada de manera artificial ni tirando de ordenador.

Otro ejemplo notable de la consistencia del color es esta imagen con truco creada por Adrian Pingstone a partir de un original ideado por Edward H Alderson a mediados de los noventa:


En ella tanto el cuadrado A como el cuadrado B son del mismo color a pesar de que a primera vista da la impresión de que una de esas casillas del tablero es negra y la otra blanca. Con un pequeño retoque a la imagen puede comprobarse que en realidad ambos elementos tienen el mismo tono de gris.



La imagen del plato de fresas envuelto en azules que había tuiteado por Lieberman pertenecía a Akioshi Kitaoka, un profesor de psicología de Kioto cuya página web merece más de un vistazo: no solo contiene ejemplos sobre la constancia de color sino que además acumula centenares de ilusiones ópticas curiosísimas creadas por el propio Kitaoka.

En el fondo nuestra sesera tiene mas de un antecedente en eso de inventarse colores que en realidad no existen: la llamada Ilusión de Munker es capaz de engañarnos y hacernos creer que en esta imagen hay cuatro colores (naranja, azul, verde y rosa) cuando en realidad tan solo contiene tres (naranja, verde y rosa) ya que el cuarto es fabricado en exclusiva por nuestro cerebro.

Aunque probablemente el ejemplo más notable de colores que solo existen en la cabeza del observador es de aquel famoso vestido que a principios de 2015 tuvo a medio planeta discutiendo si se trataba de una prenda blanca y dorada o de un vestido azul y negro. O lo que venía a ser un bug curiosísimo de ese fenómeno llamado la constancia del color, en ese caso ni siquiera el cerebro se ponía de acuerdo consigo mismo.


Información de Gonzoo.com

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