viernes, 4 de noviembre de 2016

Los abrazos afectan a nuestro organismo igual que las drogas duras



Para entender qué es lo que ocurre en nuestro organismo cuando nos abrazamos habría que remitirse a nuestra etapa de primates. Nuestros parientes lejanos evolutivos utilizan el aseo como alianza social. Cuando un mono limpia a otro usando sus manos, el movimiento de los dedos sobre la piel activa cierto grupo de nervios de las zonas de piel con pelo que llevan información sobre el tacto, dolor y presión. Cuando se crea un masaje suave se crea una vía directa hacia el cerebro en el que funciona como un gatillo para la liberación de endorfinas. La relación social del contacto con otras personas con una sensación de bienestar proviene de este mecanismo.

Las endorfinas son esas, cada vez más populares, moléculas que pertenecen al grupo de los neuropéptidos, que son utilizados por las neuronas del cerebro para comunicarse entre ellas. Las endorfinas son parte del sistema del cerebro que controla el dolor, y sus efectos son, básicamente, analgésicos. De hecho, su estructura molecular las emparenta directamente con los opiáceos como la morfina, pero se diferencia de esta en dos aspectos clave: en la misma dosis son hasta 30 veces más efectivas para calmar dolor que esta, y además no crea esa adicción tan destructiva que se relaciona con todas esas drogas duras.

Cuando apretamos las zonas del torso de nuestro cuerpo, los grupos de nervios de esas zonas envían una señal masiva para la liberación de endorfinas, tal y como los masajes de aseo crean esa respuesta en monos y gorilas. Cualquier tipo de mimos, abrazos y caricias es el equivalente humano de esos masajes ya que están diseñados para mantener nuestro tejido de relaciones sociales sano. Estamos diseñados para sentirnos bien cuando alguien nos toca.

Nuestros sentimientos de dolor psicológico están en la misma zona que los del dolor físico, por lo que las endorfinas también hacen efecto sobre nuestras ansiedades y angustias. Por ello, cuando estamos en una etapa conflictiva de nuestra vida, cuando estamos tristes, un abrazo es como un pequeño bálsamo. El contacto activa una vía de endorfinas que, instantáneamente, crean esa sensación de consuelo, y además activan zonas del cerebro relacionadas con la recompensa, como la zona del cortex orbifrontal, justo encima de los ojos, que nos crea la necesidad de repetir esa experiencia.

Esto es por lo que los adictos a la morfina pierden interés en su universo social. En resumen, su dosis de abrazos es artificial, impostada, por lo que no les es necesaria ese contacto humano para recibir el subidón de endorfinas. Estos efectos similares a los de los opiáceos se refuerzan por la oxitocina, otro neuropéptido que también tiende a ser estimulado por los abrazos y tiene efectos calmantes suaves. La oxitocina está relacionada con la lactancia, funciona como un árbitro en el equilibrio de agua de nuestro cuerpo, pero en mamíferos ha ido evolucionando como un activador de sensaciones cálidas asociadas a la succión y otros tipos de contacto físico.

Eso sí, cualquier abrazo no vale. En alguna parte de los lóbulos frontales hay un mecanismo que funciona como interruptor para lo que es placentero y lo que es incómodo. Dependiendo de qué persona active el mecanismo, por ello mismo tenemos esa sensación de incomodidad al entrar en un metro en hora punta. Contacto humano, ¡qué asco! Los mismos mecanismos funcionan para provocarnos la sensación contraria, lo que convierte a los abrazos buenos en muy buenos y el contacto por el que no hemos preguntado en un mecanismo casi de defensa.

Pero los abrazos "buenos" pueden subir nuestros niveles de felicidad, la oxitocina ayuda a bajar la presión sanguínea, lo que relaja cuando nos sentimos ansiosos, reduce los niveles de cortisol, la hormona más relacionada con el estrés, y nos ayuda a dormir mejor. Estimula la sensación de pertenencia a una comunidad, a sentirse integrado y querido. En definitiva, ayudan a superar dolores físicos y psíquicos, y por si fuera poco, existen estudios que sugieren que las parejas que se abrazan más tienen más posibilidades de permanecer unidos. Va a ser que el popular "y es que no hay droga más dura que el roce de tu piel" de la canción de Revólver, aunque cursi, estaba más que probada científicamente.

Fuente: Gonzoo

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