sábado, 15 de octubre de 2016

Las bromas para ‘mayores de 18’ que esconden los dibujos de tu infancia



Los responsables de las series de dibujos animados saben perfectamente que lo más divertido de fabricar ese tipo de programas, en especial los destinados a la audiencia infantil, es intentar colar en ellos de manera discreta todo tipo de bromas indecentes, inapropiadas o pasadas de vueltas.

La primera versión de Las chicas superpoderosas fue bastante amiga de deslizar este tipo de chistes prohibidos para que pasasen de puntillas frente al público más inocente. Ocurría por ejemplo durante la presentación de Robin, una nueva vecina de Bellota, Bombón y Burbuja:





- Burbuja: Ella es Robin, vive al lado.

- Profesor: Oh. Hola Robin, estamos encantados de tenerte como vecina. Yo soy el profesor.

- Burbuja: Sí, él nos fabricó por accidente en el laboratorio.

- Profesor: Bueno ¿qué puedo decir?

- Robin: No se preocupe Profesor, yo también fui un accidente.

Pero la serie también apostaría por la picaresca de manera más evidente en otras ocasiones, durante cierta escena una sospechosa señorita Moneypenny le echaba una mano al alcalde para sacarle punta a un lápiz en una situación que tenía mucho de indecente:



Los padrinos mágicos lograrían lo impensable, marcarse alegremente en pantalla un chiste sobre pedófilos y boy scouts:



- Además, si llevo a un grupo de scouts al cine vestido así me arrestarían.

Y la Liga de la Justicia aprovecharía el marco superheróico para bromear con la eyaculación precoz:



- ¡El hombre más rápido del mundo!

- Lo que podría explicar porqué nunca consigues una cita.

Aunque lo que resulta incomprensible es tratar de adivinar como los responsables de la noventera serie de dibujos animados protagonizada por Sonic y compañía consiguieron colar este chiste soez sin llevarse ninguna colleja censora durante el proceso:



- Ese lobo es muy desagradable.

- Tan desagradable como una serpiente de un solo ojo, cariño.

En La vida moderna de Roco parecía que los guionistas directamente tenían carta blanca para hacer cualquier cosa o que la censura estaba distraída mirando hacia otro lado. Porque solo así se explicaría que sus episodios tuvieran el valor de poner al protagonista a trabajar en una línea caliente o que se idease un gag con una ordeñadora exprimiendo a uno de los personajes en el sentido más sucio posible:




En Ed, Edd y Eddy los chicos verían revistas cochinas junto a un montón de kleenex arrugados, Harley Quinn invitaría al Joker de Batman a cabalgar un rato la Harley, el pato Lucas ojearía pornografía en los Looney Tunes, por El laboratorio de Dexter asomaría un chiste machista sobre la propiedad de un trasero femenino, los Rugrats bromearían con la afición de los adolescentes de autoexplorarse, Animaniacs pondría a una ardilla a esconder sus nueces "allí donde no brilla el sol" y existe una escena en los dibujos de Tom & Jerry que implica nata, lametones y parece capaz de provocar pesadillas inquietantes, sobre todo si tenemos en cuenta cómo termina el asunto.

Bob Esponja siempre ha sido otro de esos programas que aprovechaba su naturaleza desmadrada para soltar bufonadas golfas. En el fondo de Bikini se han hecho bromas sobre los posibles peligros que implica que se te caiga el jabón al suelo y se han inflado globos sospechosamente parecidos a los condones. Sin olvidar aquellos discretos chistes sobre penes:



- Calamardo me dijo que si quería ayudar me enterrase a mí mismo.
- Por favor, dime que eso es tu nariz.

O los que directamente ni siquiera intentaban disimular nada:



Hasta llegar al capítulo en el que encontramos a Bob Esponja cómodamente sentado ante lo que se podría considerar el equivalente subacuático al porno:



La animación más moderna tampoco se libraba de las insinuaciones poco adecuadas, cierta fusión que acontencía en Steven universe implicaba un contoneante baile previo por parte de las participantes que no era demasiado apto para los tiernos ojos del protagonista:









Y finalmente El asombroso mundo de Gumball se atrevería a colocar a su héroe en una de las situaciones homoeróticas más incómodas de la televisión animada: el momento en el que el personaje principal decide echarle una mano (boca, más bien) a su amigo Alan, que resultaba ser un globo, para que no se desinfle del todo:





Para eso están los amigos.


Fuente: gonzoo.com

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