viernes, 8 de abril de 2016

Las desapariciones más enigmáticas de la historia



Las desapariciones, por los motivos y en las circunstancias que sean, representan uno de los cuadros más complejamente transitables para cualquier sociedad. La historia, a través de sus incontables episodios, da cuenta de algunas de las más enigmáticas desapariciones; estas son cinco de ellas.

La aviadora Amelia Earhart: célebremente reconocida por la historia de la aviación mundial, esta estadounidense fue la primera mujer que cruzó el Océano Atlántico al mando de un avión. Cuando emprendió la vuelta al mundo piloteando un avión, siguiendo la línea del Ecuador, tras varios incidentes y con mala salud, se dispuso a encarar los últimos 11 mil kilómetros de viaje. Desapareció en plena acción, el 2 de julio de 1937, cuando sobrevolaba el Océano Pacífico junto a su copiloto. Su último contacto fue: «KHAQQ llamando al Itasca. Debemos estar encima de ustedes, pero no los vemos… El combustible se está agotando…» Ni los cuerpos ni los restos del avión fueron hallados jamás.

El expedicionario Roald Amundsen: aventurero por definición, este noruego, a la cabeza de una expedición, fue el primer hombre en arribar al Polo Sur. Cuando encaró su última aventura, intentando rescatar a su amigo y colaborador Nobile, extraviado mientras sobrevolaba el Polo Norte, desapareció junto con el hidroavión francés Latham y la tripulación a bordo, el 18 de junio de 1928. Tras años de búsqueda, tan sólo fue hallado un salvavidas con el nombre de la aeronave.

El célebre escritor y aviador Antoine de Saint-Exupéry: mundialmente reconocido como el autor del clásico literario “El Principito”, este genial escritor fue ante todo un prestigioso aviador. Prestó servicio en la Segunda Guerra, cuando se incorporó a las Fuerzas Francesas Libres para luchar junto a los aliados, realizando vuelos de reconocimiento. Partió de la base, en el Mediterráneo, un 31 de julio de 1944. Nunca más regresó. Aunque, al día de hoy, no existen certezas sobre su paradero, en 1998, un pescador halló la pulsera del escritor, en inmediaciones de la isla de Riou.

El asesino serial Béla Kiss: Cuando se alistó en el ejército húngaro, Béla Kiss era dueño de una fábrica de hojalata, en inmediaciones a Budapest. Hasta entonces, había vivido con su ama de llaves, desde que su mujer lo abandonara para marcharse con un amante. Mientras prestaba servicio en el ejército, las autoridades locales, que necesitaban urgentemente gasolina, requisaron una serie de bidones, almacenados en el domicilio de Kiss. Cuando los abrieron, se encontraron con 24 cadáveres femeninos, incluyendo el de su esposa, y uno masculino, del presunto amante. El macabro hallazgo se hizo público mientras que el hombre se encontraba hospitalizado en Serbia, tras lo cual, robó la identificación de un soldado muerto y se dio a la fuga. Nunca más se supo nada de él.

El secuestrador D.B. Cooper: Con este nombre ficticio, el 24 de noviembre de 1971, un sujeto secuestró un avión con la ayuda de un maletín cargado de explosivos. Solicitó a las autoridades un rescate de 200 mil dólares para liberar el avión y a sus ocupantes. Tras cobrarlo, en el aeropuerto de Seattle, dejó en libertad a los pasajeros y continuó viaje con los pilotos y la tripulación todavía secuestrados. Mientras se dirigían hacia Portland, saltó en paracaídas junto con el dinero del rescate, para nunca más volver a ser visto.


Fuente: TuHistory.com

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