miércoles, 8 de julio de 2015

Bookfighting, un deporte basado en darse librazos

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Cuando el artista francés Yves Duranthon descubrió el cómic del dibujante japonés Yuichi Yokoyama 'Combats', en 2009, tuvo una revelación. Según cuenta, al leer como uno de los samuráis protagonistas de la historia se defendía de otros lanzándoles libros vio claramente su próxima performance.

Buscaría desacralizar las obras literarias creando una especie de deporte basado en lanzarse libros sin parar y lo llamaría Bookfighting. Una especie de balón prisionero de libros que ayudase a ver esos ejemplares como simples objetos.

Lo que no sabía Duranthon cuando tuvo esa idea es que sería un auténtico éxito. Su proyecto ha superado todas las previsiones y se ha llegado incluso a organizar el primer mundial de bookfighting en París. Con uniformes artesanales, incluidas coquillas, y sin un gran despliegue, pero con jugadores de todo el mundo dispuestos a recibir y dar librazos.



El crecimiento ha sido tal que los organizadores ya cuentan incluso con un sello que valida los libros que pueden ser usados para el juego. Certificado, tabla de marcadores y un reglamento básico que da muestras de la seriedad de este pseudodeporte.

Desde que en 2009 el artista francés empezara a jugar al bookfighting con sus amigos, su proyecto no ha hecho más que crecer. Pero no solo en el terreno deportivo. Ahora los creadores lo ven como un experimento social y cultural que muestra el fin del libro físico como un objeto sagrado para las nuevas generaciones.

Según cuentan, el éxito de este deporte entre los jóvenes demuestra que el libro no deja de ser un código y que la revolución digital le ha arrebatado su anterior misticismo. Un halo sagrado que sí parece mantener entre los mayores que ven este proyecto como una aberración cercana a un intento de acabar con la cultura.



Pero eso no parece importar a Duranthon, que, influido por los movimientos dadaísta, surrealista y situacionista, ve su obra como un ejemplo del paso del tiempo. El cambio de la realidad analógica a la digital.

Mientras se debate sobre si este proyecto se acerca más al arte o a la quema de libros, el bookfighting sigue creciendo. Quién sabe si en unos años esos jóvenes raretes, que se lanzan librazos protegidos con un casco y una coquilla en lugares inhóspitos, llegarán a ser estrellas.

Información de gonzoo.com

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