sábado, 5 de abril de 2014

¿Por qué nos cuesta tanto encontrar las diferencias entre dos imágenes parecidas?

¿Por qué nos cuesta tanto encontrar las diferencias entre dos imágenes parecidas?
abc.es - Nuestro cerebro a veces no detecta los cambios que se producen a nuestros alrededor, aunque en ocasiones estos sean muy evidentes. Un famoso experimento llevado a cabo en 1999 por los psicólogos Daniel Simons y Christopher Chabris, ya clásico, demostró hasta qué punto podemos pasar por alto cosas llamativas que están ocurriendo delante de nuestros ojos.
En un ingenioso experimento grabaron a seis personas que se pasaban un balón entre ellas. Estaban divididos en dos equipos: unos vestían camiseta blanca y otros negra. Después pidieron a varios voluntarios que contaran el número de pases que los jugadores de blanco se hacían entre sí. ¿Se siente capaz de contarlos?
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¿Ha contado quince pases? Fantástico! No se le escapa detalle. ¿O tal vez sí? ¿Ha visto el gorila que aparecía en la imagen? ¿No? La mitad de las personas que vieron el vídeo, tampoco. A esto se le llama ceguera al cambio. Su atención se centraba en el movimiento de las camisetas blancas. Los "objetos" negros, quedaron en segundo plano. Por eso no vio al gorila
Esta ceguera al cambio es la responsable también de que la mayoría no percibamos los muchos errores de script que se deslizan en las películas. La saga Harry Potter es famosa por estos pequeños fallos: peinados que cambian de una escena a otra, papeles arrugados que misteriosamente aparecen impecables en la secuencia siguiente o un jersey de cuello redondo que en la siguiente toma se transforma en un cuello Henley. Claro que con tanta magia, no es de extrañar que ocurran estas cosas, pensarán algunos.
Pero pasa lo mismo en "Pretty Woman", donde un cruasán en manos de Julia Roberts pasa a ser en el instante siguiente una tortita. Otro ejemplo, en el Mago de Oz, las trenzas de la protagonista crecen, menguan y vuelven a crecer en cuestión de minutos. Y todo esto sin que la mayoría de los espectadores se den cuenta.
Un artículo publicado en la revista Nature Neurosciencie explica por qué nuestro cerebro pasa por alto detalles tan “evidentes”. Investigadores de la universidad de California, Berkeley, y el Instituto de Tecnología de Massachusetts han descubierto una ventaja en el mundo real al mecanismo cerebral que nos vuelve ciegos a los cambios sutiles en el cine.

Ventajas de "no ver"

Una ventaja que explica por qué esos importantes fallos en nuestra percepción visual se han conservado a lo largo de la evolución. Algo aparentemente paradójico porque precisamente una de las funciones cruciales de la visión es detectar los cambios importantes en el entorno.
Y lo que han descubierto es que hay una "continuidad de campo" que hace que el cerebro confunda visualmente objetos similares vistos en un periodo de tiempo de 15 segundos. De ahí que el cambio en el cuello redondo del jersey de Harry Potter pase desapercibido.
Y es que, a diferencia de lo que ocurre en las películas, en el mundo real los objetos no cambian espontáneamente, como le ocurre al cruasán que come Julia Roberts. Por eso el cerebro asume que la apariencia de los objetos de nuestro entorno es igual a la que vimos hace un momento. En otras palabras, que la mesa sobre la que tomamos el café no cambia de forma de un instante para otro.
Este continuidad de campo que nos vuelve tan despistados, a cambio hace posible estabilizar lo que vemos: "La continuidad de campo suaviza lo que de otro modo sería una percepción agitada de las características de los objetos a lo largo del tiempo", explica David Whitney, profesor asociado de psicología en la Universidad de Berkeley y autor principal del estudio. “Esto es sorprendente, porque significa quela exactitud visual se sacrifica por el bien de una percepción continua y estable de los objetos", añade.
Sin esta continuidad de campo, que nos impide darnos cuenta de los pequeños cambios, seríamos hipersensibles a cada fluctuaciónvisual provocada por ejemplo por las sombras, el movimiento y otros muchos factores. Por ejemplo, las caras y los objetos se transformarían de un momento a otro en un efecto similar al que producen las drogas alucinógenas, precisan los investigadores.

El experimento

Para establecer la existencia de este campo de continuidad visual, los investigadores mostraron a los participantes en el estudio una serie de barras o rejillas en una pantalla de ordenador. Las rejillas aparecían en ángulos aleatorios cada cinco segundos y los participantes tenían que ajustar el ángulo de una barra blanca al de la rejilla que acaba de ver. Repitieron esta tarea con cientos de rejillas colocadas en ángulos diferentes.
Y curiosamente observaron que en lugar de hacer coincidir con precisión la orientación de la rejilla, los participantes promediaron el ángulo de las tres últimas rejillas que habían visto. "La percepción de cualquier imagen estaba sesgada fuertemente hacia las últimas imágenes que vieron inmediatamente antes", explica Fischer, que llama a este fenómeno "dependencia en seriada de la percepción."
En otro experimento, los investigadores comprobaron que los participantes no promediaban los ángulos cuando los objetos estaban muy distantes entre sí. Lo que sugiere que deben estar cerca para que el efecto de continuidad tenga lugar.

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